martes, 17 de mayo de 2011

El tercer color

El mundo se nos bipolariza. Casi todo hoy es cosa de dos: Madrid-Barça, izquierda-derecha, iPhone-Blackberry, PP-PSOE, Cristiano-Messi, la Estéban-la Campanario. Cada uno nos situamos en uno u otro bando, o debemos situarnos o, de lo contrario, estaremos señalados, ajenos a la realidad, como perdidos. No se lleva ser del equipo que nunca gana o del partido al que nunca se vota.

Esto hace a la sociedad no sólo más simple y absurda, sino más complaciente consigo misma y con el poder. Y menos democrática. Por eso, es para ilusionarse ver que hay gente que intenta pintar algo de otro color, el tercer color. Ni blanco ni negro. Esa distinta opción de acampar en el mismo kilómetro cero de España, inventar revoluciones digitales, gritar en silencio "#nolesvotes" o pedir una democracia real de una puta vez. Es la otra forma de ver y hacer las cosas, esa que intentan ridiculizar, aplastar, desprestigiar, ignorar y minimizar esos que forman parte o sacan provecho de lo bipolar, de la dictadura dual, alterna, de hoy tú y mañana yo, en la que estamos inmersos y de la que tal vez estamos empezando a salir.




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